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Por ELIAS HENOC PERMUT
En justicia y memoria de mi mejor amigo Hector Anton…
El más habilidoso de todos los supuestos críticos de arte del oficialismo cultural de la dictadura cubana acaba de soltar el pasado mes de abril una granada de pestilencia albañal. Sin previo aviso nos indigestó con uno de sus ya aburridos y repugnantes bodrios publicado en el tabloide de Noticias de Arte Cubano, su texto «Sobresaltos de la crítica de arte en Cuba». Este bribón y simulacro de poeta, alteza imperial vitalicia del Centro Wifredo Lam y dictador en jefe de la Bienal de la Habana, se ha enfrascado toda su vida con un fanatismo feroz en borrar de la historia a cualquier crítico incómodo que despedace algunas de las terneras sagradas del régimen o que ose tocar con el pétalo de una rosa la política cultural de la familia Castro. El archiconocido y anquilosado vicio intelectual de crear listas a manera de ladrillos donde excluir es el primer objetivo, se nos presenta aquí como un escándalo barriotero que intenta acuñar una nomenclatura de teóricos correctos ante el Partido Comunista de Cuba. Quiero aclarar bien que en este remedo de inventario existen nombres que respeto francamente sin caer en la chicharronería, estetas que he compartido sus textos en las redes sociales y que tienen total licencia para publicar en mis plataformas digitales. Su inclusión en el mamotreto más que generar prestigio crea un falso criterio negativo hacia personas que nada tienen que ver con el cadáver de la revolución cubana.
Volviendo de nuevo al muñecón de carnaval y a su segundo apellido con falta de ortografía, debemos afirmar aquí que Nelson Herrera Ysla ha incurrido en un error de naturaleza ética, en dos o tres textos previos a este recién publicado en el Tabloide. El poetastro se empeña en omitir —a troche y moche— nombres esenciales de la crítica de arte en Cuba. Esto también lo ha expresado en conversatorios públicos, donde se reiteran sus omisiones garrafónicas.
Este diletante pasó por alto en esta ocasión a seis nombres antológicos de la crítica insular que son, el imprescindible Héctor Antón Castillo, mi hermano Frency Fernández, Yolanda Wood, el maestro Rafael Almanza, la amiga Caridad Blanco y el gran fustigador de las décadas del 40 y 50 del pasado siglo Luis Dulzaides Noda. Aclaro muy bien que existen más nombres borrados del mapa por el muñecón, a manera de una zafra cañera que le metería cualquier cantidad de tinta a las estadísticas, pero no queremos pecar de excesivos, porque eso sería una nota empalagosa para nuestros cientos de miles de seguidores. Este abanderado de la falacia y la crítica “masajista” positiva, especializada en elogiar lo mediocre, ahora resulta que está muy sobresaltado por la crítica de arte en Cuba. Habla de lo ético quien nunca ha sido ético, habla de una “tendenciosidad” quien es maestro en lo tendencioso y habla de omisión quien tiene una licenciatura en omitir.
Al grano: ¿Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? ¿Hasta cuándo señor Nelson Herrera Ysla soportaremos tu abuso prolongado de poder? A quién quieres engañar con tu escuela peripatética moronera, remedo a pedazos que intenta pasar por aristotélica y no pasa de ser un taller literario de municipio. ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar tus injusticias sin fin, emulo de Luis Pavón Tamaño y de Tomas de Torquemada? Morón es una ciudad insigne, el lugar de nacimiento de grandes poetas opositores y presos políticos como Raul Rivero, Reynaldo Soto, Carlos Sotuyo y Manuel Vazquez Portal. Morón es la cuna del cineasta, poeta y artista visual Asiel Babastro que nos regaló el videoclip del himno libertario “Patria y vida”. Morón es la tierra natal de Jonathan David Muir, el niño preso político más joven del castrismo y del grupo de valientes muchachos que le dieron por primera vez en la historia candela a una sede del Partido Comunista de Cuba. Cómo puede ser usted tan pancista, censor y oportunista. Usted es la vergüenza de su tierra. Usted es un testaferro, policía y chivatón.


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